Siglo
XXI, un siglo en donde las leyes y normativas cada día cambian con más
frecuencia en aras de lograr y garantizar un marco eficaz en donde los
implicados tengan derechos y deberes con la finalidad de obtener un tratamiento
justo y equitativo para todos como ciudadanos, en busca de construir una
sociedad nueva, libre de prejuicios y en la cual todos podamos participar.
La
integridad de muchas corporaciones, empresas y hasta de nuestro dirigentes
actuales es un factor fundamental para la vitalidad y estabilidad para nuestro
futuro, los grandes dirigentes y personal que se encuentran en los altos mandos
de nuestro país son los encargados tramitar y aprobar directrices que pueden
afectar nuestro intereses y primar las de un grupo con poder lo cual conlleva a
que estos factores pierdan todo nivel de importancia y se cree en nuestro
alrededor grupos enmarcados en la corrupción que quieren acabar con los
derechos que cada uno de nosotros tenemos.
En
nuestra actualidad cada día que pasa, nos podemos dar cuenta de los miles de
escándalos y desfalcos corporativos, carteles y los grandes niveles a los que
ha llegado la corrupción en nuestro país, niveles a los cuales tenemos que
enfrentarnos como usuarios, como ciudadanos y como personas del común que
buscan con gran esfuerzo la realización de los sueños de cada uno de nosotros y
que están siendo vulnerados por este tipo de comportamientos.
“Si
consultamos un diccionario o una página web nos encontramos con dos términos
muy parecidos al buscar la palabra ética: ethos, disposiciones morales, y ethos
que proviene de costumbres. Parece, a primera vista, que el primero alude a los
valores con respecto a los cuales el segundo plasma las costumbres”.[1]
Y es
ahí principalmente donde todo comienza, en las costumbres, en los valores que
son inculcados en nuestra cuna, en nuestras casas y que con el pasar de los
años debemos ir afianzando en cada segundo de nuestras vidas para lograr ser
grandes personas que no causan daño a nuestra sociedad y poder así evitar los
altos niveles de corrupción entre los cuales nos encontramos inmersos.
Vale
la pena preguntarnos en que momento de nuestra historia perdimos el rumbo,
perdimos ese saber ético que nos permitía actuar en un nivel de coherencia en
nuestra sociedad, sin afectar los ilusiones de los demás como ser social para
alcanzar el bien en nuestras relaciones humanas y es que desde el punto de
vista profesional podemos observar como manipulamos y creamos políticas y
estrategias que buscan satisfacer nuestras propias necesidades y gustos.
Aunque
muchos hemos perdido el concepto de ética en nuestras labores diarias, en
nuestras relaciones y hasta en nuestras familias, debemos reinventar la forma
de traer de vuelta, de aplicarla diariamente en cada uno de nuestras acciones y
de generar confianza y valor en nuestra sociedad, de crear una nueva forma de
ver el mundo enmarcado en principios arraigados por nuestros ancestros para
crear un mundo mejor, para crear y dejar atrás esa historia llena de corrupción
y mercado ilegal en donde solo los de gran poder pueden ganar y salir
victoriosos sin importar todo aquello que se deba causar con la finalidad de
lograr un objetivo propio que solo beneficie a un grupo en común.
En síntesis,
hablar de ética y corrupción en nuestra actual sociedad y en el momento
histórico donde nos encontramos debería ser una necesidad, recordar ese valor
tan básico pero de vital importancia para cada uno de nosotros, debe ser un
imperativo existencial debido a la crisis en la que nos encontramos, la que
enfrentamos como profesionales, como comunidad, como sociedad, y gracias al
desarrollo incontrolado de la tecnología y a la deformación de la noción del
progreso (Pasar por encima de cualquier persona sin importar las consecuencias)
no tenemos en cuenta el daño que se puede ocasionar a los demás, pero sobre
todo la confusión malintencionada muchas veces de la cuestión de los fines y
los medios por lograr todo aquello que queremos sin importar las consecuencias
que puedan traer los hechos corruptivos que cada día vemos en la sociedad.
